domingo, 4 de noviembre de 2007

La primera recreativa: Galaxy Game

En los albores de los videojuegos el mercado todavía estaba descubriéndose a sí mismo. Ante la aparición de sistemas de entretenimiento electrónico los empresarios debían buscar la fórmula con la que obtener ingresos económicos.

Hoy en día nos parece lógico y normal el hecho de tener videoconsola en casa, poder elegir entre un infinito catálogo de videojuegos y jugar online con el PC, pero hace treinta años el mercado de los videojuegos era todavía desconocido y necesitaba experimentar en busca de un modelo de negocio.

Las recreativas fueron el primer eslabon de la larga cadena que supone el negocio de los videojuegos actualmente, un negocio que mueve incluso más dinero que el cine. Si las recreativas no hubiesen resultado rentables, probablemente el mundo de los videojuegos hubiese seguido un rumbo distinto al que conocemos. Por todo ello, desde Sopla El Cartucho, rendimos un merecido homenaje a estas aparatosas máquinas en peligro de extinción. Os presentamos a la primera recreativa arcade de la historia.

La década de 1970: Galaxy Game

Entre pinballs, tragaperras y galerías de tiro pasaban los ratos muertos nuestros abuelos. Pero el primer videojuego arcade, como tal, iba a llegar en 1971 con Galaxy Game. Se trataba de una versión del Spacewar! -el primer videojuego por computadora de la historia- que apareció en el campus de la Universidad de Stanford de EEUU y que se jugaba con monedas. En poco tiempo aquella máquina se hizo muy popular entre los estudiantes, que hacían colas de hasta una hora para poder echar una partida. Únicamente se construyó una máquina del Galaxy Game -la máquina azul de la foto- y en 1997 se restauró para que pasase a formar parte del Computer History Museum de Mountain View, en California .

La segunda por segundos: Computer Space

Tan sólo dos meses después, apareció Computer Space, la primera máquina recreativa fabricada masivamente. El juego también estaba basado en el Spacewar! y supuso un gran éxito en los campus de un gran número de universidades norteamericanas. Desgraciadamente, el control del juego requería bastante práctica y, probablemente por este motivo, su éxito en bares y pubs fue algo más discreto. No sería hasta la llegada del aclamado Pong, con su esquemática y encantadora sencillez, cuando las máquinas recreativas invadirían lugares que hasta aquel entonces parecían inaccesibles.

¡Hasta el próximo soplido, cartucheros!

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